¿Y qué hacemos con la Auditoría? - El Portal San Luis Potosí








¿Y qué hacemos con la Auditoría?
(6:17 hrs)  19 / Junio / 17
José Luis Solís Barragán



 

 

Los órganos de fiscalización se constituyeron con la única finalidad de servir de contrapeso respecto al ejercicio del recurso público, pero no sólo en la manera en que se gasta, si no en el para qué o con que objeto se gasta.

Esto quiere decir que la fiscalización tiene un alcance mayor que no se constriñe a revisar una hoja contable de la Administración Pública; para dejarlo claro si la Ley se aplicará como se debe, la fiscalización permitiría dejar de gastar en todo aquello que no está funcionando.

Por un tema de estructura constitucional, basada en un principio de pesos y contrapesos el Constituyente consideró fundamental que la fiscalización estuviera a cargo del cuerpo Legislativo que tiene la representación popular y quien mejor que ellos para supervisar el gasto del recurso público.

Desde la perspectiva orgánica resulta fundamental considerar que la Fiscalización este a cargo del Poder Legislativo, toda vez que la revisión de la Cuenta Pública dotaría de elementos necesarios para que el Legislador determine a donde se irá parte del recurso asignado en el Presupuesto, sin embargo, la realidad nos volvió a alcanzar.

La corrupción es un tema que permea instituciones y que las daña desde su centro, es un cáncer que destruye la esencia institucional y que deslegitima las acciones de Gobierno, es un mal que termina por dañar al Estado mismo, generando un daño casi irreversible.

Eso es justamente lo que se vivió en San Luis en la última semana, en esos días en que se destapó la corrupción, la opacidad y el cinismo que se vive en el Congreso del Estado y su órgano fiscalizador. 

Al inicio de semana, San Luis Potosí despertaba con la noticia de una grabación en la que el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso, le explicaba a uno de los cincuenta y ocho alcaldes cual era la fórmula mágica para que la Auditoría Superior del Estado, le entregara su premio “al mejor alcalde del mundo”.

La fórmula es infalible: te mandan recomendado del PAN; pasa ha visto bueno del PRI-PVEM y PRD; pagas por la labor de limpieza; y como resultado final te convierten en el mejor alcalde, aunque robes, seas descuidado, o simplemente no sepas hacer el trabajo por el que fuiste electo.

¿Pero si yo no quiero limpiar mi cuenta pública y solo quiero ser el Auditor? No debes preocuparte, la fórmula aplica lo mismo, salvo que en lugar de “limpieza” debes jurar apoyar incondicionalmente a quien te recomendó y a quien te dio el visto bueno; de lo contrario nunca será Auditor Superior.

Ese es el gran problema de permitir que la Auditoría Superior siga en manos de hombres rapaces que ven la política como el negocio de sus vidas; ese es el gran problema de pensar que la Auditoría en manos del Congreso no se partidiza.

Nadie puede negar que el Congreso es el seno de la política en la estructura gubernamental; es el espacio de debate público por excelencia e influenciado por los Partidos Políticos; pero si entendemos que esta partidizado y que los partidos y las personas tienen intereses personales que están anteponiendo a los públicos ¿Por qué dejarles a ellos la labor de revisar el ejercicio del gasto público?

No es malo tener intereses personales, por el contrario, es algo natural; lo que no está permitido es que ese interés personal se anteponga al interés público; es decir no se vale que la ambición económica de los Legisladores valga más que la Ley misma, o la seguridad de que el dinero de los potosinos se gaste de manera adecuada.

Ahora resulta que no basta las grandes cantidades monetarias que se asignan de manera discrecional en el Congreso y por consiguiente debemos tolerar que los Legisladores pidan un porcentaje para que la Cuenta Pública no tenga observaciones para subsanar. 

Esto desecha por completo que la solución a la corrupción parte del aumentar salarios, ya que, si consideramos que los Legisladores potosinos es de los mejores pagados del país, no tendrían razón para pedir un “moche”; lo que nos lleva a decir la corrupción no es un tema monetario, es un tema de moral y de compromiso ciudadano.

Los Legisladores han confesado que convirtieron a la Auditoría en una cueva de ladrones, han confesado que no tienen límites para violar la Ley; y por ello deben pagar, y de verdad el dinero que se robaron o que recaudaron es lo de menos, el gran problema es el daño institucional que generaron.

¿Quién cree hoy que el crédito de Marcelo de los Santos se gastó de manera adecuada? ¿Quién opina que es correcto que el Gobierno de Fernando Toranzo no tiene rastros de corrupción? ¿Quién creerá que el Gobierno de Juan Manuel Carreras no presenta mayores problemas por desvió de recursos?

Esas dudas dejan sin duda las noticias de esta semana, si la Auditoría Superior del Estado hizo bien su trabajo o no, si la corrupción empezó ayer o hace 10 años, no importa, el punto es que pocos confiarán en lo que dijo en sus dictámenes técnicos la ASE o lo que dirá en los próximos meses y años.

Hoy la Auditoría Superior del Estado se encuentra muy dañada, por lo que es momento de relanzar mediante una reingeniería institucional que ponga como pilar la incorporación de controles ciudadanos que permitan disminuir de manera considerable corrupción política que se quedó al descubierto,

No basta una reforma, no basta una limpia de fondo en la Auditoría, se requiere un compromiso político de todos los actores, que permitas por lo menos las siguientes acciones:

· Sanciones ejemplares para legisladores y funcionarios;

· Rediseño institucional que disminuya la intervención del Legislativo sobre la ASE;

· Compromiso político para poner fin a la corrupción; y

· Apertura de la auditoría a los ciudadanos, para que mediante controles se reduzca la partidización de la institución.

Si no se implementan acciones concretas a la brevedad, no solo estarán destruyendo a la Auditoría, estarán por destruir el Sistema Estatal Anticorrupción que no termina por nacer; y lo que es peor estarán dañando al Estado mismo.

¿Hasta dónde llegará el cinismo de nuestros Legisladores? Esa es la pregunta que falta por contestar.

 

 




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