La nueva vida de los desertores norcoreanos

Huir de Corea del Norte al sur es altamente peligroso.

Huir de Corea del Norte al sur es altamente peligroso. Las represalias son terribles, y los castigos pueden extenderse a familiares y a descendientes del fugado hasta tres generaciones. Pese a ello, cada año, más de un millar de norcoreanos cruzan ilegalmente el río Tumen—en pasos escogidos poco profundos, en verano, o sobre su superficie congelada en invierno— y escapan a la provincia china de Jilin, de etnia mayoritariamente coreana, donde se benefician de la existencia de redes de apoyo que les ayudan a llegar a otros países —entre ellos Mongolia, Filipinas, Tailandia, Vietnam, Laos y Japón—, y de allí a Corea del Sur.

La otra ruta, el cruce a través de la Zona Desmilitarizada, es casi suicida: 250 kilómetros de largo y cuatro de profundidad, cercados con alambre de espino, estrechamente supervisados por patrullas y francotiradores, con medidas de vigilancia electrónica y fuertemente minados.
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