Somos uno, pero no lo mismo. U2.

Somos uno, pero no lo mismo. U2.

Por Fernando Espinosa Rúa.

En México hemos tenido grandes avances en temas de educación sexual y familia, sin embargo, todavía nos hemos quedado muy cortos en torno a ello. Si bien es cierto que actualmente en las escuelas a nivel primaria y secundaria ya se les brinda mayor información sobre la sexualidad que a nuestros abuelos o padres, sigue habiendo una autocensura al hablar de ese tema.

Todavía a muchos padres se oponen a que sus hijos reciban educación sexual en las escuelas, por el falso temor de despertar en ellos la curiosidad y quitarles la llamada “inocencia”. Inocencia que en nuestros abuelos suponían que por un beso podían embarazarse, que la cigüeña traía a los hijos de Paris, que la mujer no tenía derecho a gozar su sexualidad, que el orgasmo femenino es algo inalcanzable, que al tocar a un homosexual uno se tornaría de igual forma atraído por el mismo sexo, como por conjuro. Parece ridículo, sin embargo, muchos de estos prejuicios y mentiras se siguen transmitiendo de manera oral entre la gente con la cual convivimos día tras día, y todavía nos preguntamos ¿Por qué sigue habiendo embarazos en adolescentes?, sí, en efecto todavía tenemos falsas creencias sobre nuestro comportamiento sexual, sobre nuestro cuerpo y goce. Todavía suponemos como desviaciones condiciones tales como la ninfomanía, el travestismo, el voyerismo, el lesbianismo, y otras más, fomentando con ello la discriminación.

A través de mensajes de texto vía WhatsApp, grupos de intereses piden que no se les introduzca a los niños en las escuelas la “ideología de género”, según para salvar a los niños de un ataque mortal a la integridad moral y espiritual.

Pero, ¿Sabes qué es la ideología de género? ¿Identidad de género? ¿Has escuchado hablar de las personas transgénero y transexuales? Imagínate que, siendo hombre o mujer, sientes que estás en un cuerpo del género equivocado y que estas esperando en que momento de tu vida sufres una transformación como una mariposa. ¿Qué harías? ¿Cambiarías tu forma de vivir? Para muchos, este cambio implica dejar todo atrás, a veces abandonar a sus seres queridos, cambiar de ciudad y enfrentarse a una nueva vida y aun así padecen discriminación ya que en nuestra sociedad se ve todo a partir de la óptica de la diferencia, se juzga y se considera patológico esta condición, cuando en realidad sólo se debería de respetar la diversidad sexual. Es importante reconocer que reducir nuestra concepción del mundo a lo “normal” o “anormal”, donde sólo existen estas dos categorías, empobrece la expresión sexual del ser humano.

Existen personas o grupos cuyas posturas no se basan en estudios, pero que su idea es convencer al individuo de que la familia y el comportamiento heteronormativo es lo correcto, es decir las pautas que corresponden sólo a las familias e individuos heterosexuales pero que se aplican a todos por igual. Defienden el llamado “instinto maternal” y que la mujer continúe con el rol tradicionalmente asignado. Aunque promuevan la igualdad entre los sexos, dicen que hay que respetar la antropología propia de cada sexo, digamos que proponen que ella puede trabajar, pero sin descuidar a sus hijos, esposo y casa. Por lo cual consideran una aberración otras formas de expresar la sexualidad. Todavía muchos padres se avergüenzan de sus hijos tan solo por ser diferentes a lo que esperaban sin ver sus cualidades, sin pensar que son seres humanos.

En este contexto, es importante que en las escuelas se brinde una orientación con perspectiva de género, puesto que hay personas cuya identidad de género discrepa con su cuerpo biológico, es decir que sus pensamientos, su comportamiento no concuerda con el cuerpo, a lo que suele decirse “que nacieron en el cuerpo equivocado “o también existen personas su sexo no está definido; los intersexuales, antes llamados hermafroditas, seres que anteriormente, por decisión del médico atemorizaban a los padres a decidir sobre el sexo de sus hijos, según los anhelos de los padres en tener un niño o niña, los operaban

pero que al llegar la adolescencia las hormonas hacen de las suyas, lo cual les genera conflictos internos.

Cuando hablamos de la transexualidad nos quedamos todavía cortos, pues hay quienes la siguen considerando una enfermedad. Consideremos lo que dice la Doctora Lale Say, Coordinadora del Departamento de Salud Reproductiva de la Organización Mundial de la Salud: “La incongruencia de género es una condición persistente en donde la persona experimenta una incongruencia entre su sexo asignado y su género. La transexualidad se eliminó del apartado de enfermedades mentales para enfatizar que no es una condición que por sí misma genere estigma. La decisión de quitarla del apartado de enfermedades mentales no está basada sólo en la influencia de grupos de activistas, sino que se tomó como base toda la evidencia científica disponible hasta el momento.”

Actualmente se entiende que la identidad de género es la percepción psicológica de ser hombre, mujer o ninguno de los dos ya que hay personas que reportan tener una discordancia en su ser. O personas que tratan de representar un género andrógino, un término intermedio entre estos dos. Es una condición humana que no tiene nada que ver con una patología que hasta hace algunos años muchos psiquiatras, psicólogos, médicos, pensadores y ciertas mentes oscurantistas estaban empeñados en considerar como anormales o querer imponer una heteronormatividad.

Porque existen infantes que no se identifican con los estereotipos que hasta ahora han estado presentes y se sienten raros, que no encajan socialmente, porque no quieren seguir reproduciendo un machismo o un masoquismo femenil. Que gustan de actividades que según esto no corresponden a su condición de varón o de mujer, por ejemplo, niñas que les gusta el boxeo y las tachan de lesbianas.

Un caso de transexualidad es Morgana, cantante de ópera que ha lidiado por hallar un lugar en la sociedad. En su libro “En el cuerpo correcto” nos relata sus sufrimientos por no entender sus sentimientos, se sentirse como un ser de otro planeta, no ser entendida ni por sus padres y ni por ella misma, desafiando en un entorno machista, a veces con atenuantes violentos, de acoso, de burla, intentos de violación y de una religión castrante. O bien la Obra de Teatro “ Prietty Gouman” de Cesar Enríquez,(escrita, actuada producida por el mismo), cuenta la historia de una mujer transexual que como muchos viven una vida de humillaciones, discriminación e intolerancia social, pone en evidencia que los efectos de la discriminación son siempre negativos y con la desigualdad o perdida de sus derechos, experimentando aislamiento o bien de una violencia extrema que puede terminar en la muerte. Habrá que comprender que somos tan parecidos por el simple hecho de ser seres humanos y que como a nosotros nos duele y sentimos lo mismo, pues todos en algún momento de nuestra vida hemos sufrido de la discriminación.

Ojalá se puedan romper viejos paradigmas e implementar políticas publicas congruentes con la realidad pues, la información científica y la educación rompen estereotipos y generan entendimiento que acorta las diferencias.

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