Hace tiempo fui feliz, más perdí la directriz

Por Daniel Rangel

 

Muchos hemos llegado a vivir la felicidad, aunque habrá quien asegurará no haberla vivido o quien hace años la dejó de vivir.

 

¿SABEMOS QUÉ ES LA FELICIDAD?

He notado que mucha gente confunde la felicidad con la alegría, cuando no son lo mismo.

La alegría es una emoción, y por tanto, lo que se siente tiene una breve duración; puedes estar alegre porque la persona que te gusta le dio Like a una publicación que compartiste o porque tu hermana te regaló el celular que querías. Al cabo de minutos, horas o quizá días, la alegría se disolverá y serás capaz de sentir diferentes emociones de acuerdo a lo que vas viviendo en el día a día.

La alegría se manifiesta con signos acentuados en el comportamiento: sonrisa auténtica, disposición por hacer algo con actitud de simpatía y enérgica, pensamientos positivos efímeros, etc.; en resumen, una variación en el comportamiento habitual provocada por estímulos externos.

 

La felicidad es una forma de ver y vivir la vida, de manera que hay una estabilidad psico-afectiva a lo largo del tiempo; incluso al experimentar emociones negativas, esa estabilidad –que obviamente tendrá ligeras variaciones–, nos ayuda a superar más rápido esas situaciones y emociones negativas.

La felicidad se manifiesta en la positividad del ser, en la expresión de ideas centradas, en la forma controlada de responder ante las desavenencias, por mencionar algunas…; así los demás advierten la satisfacción que tenemos con nosotros mismos, con lo que somos y hacemos en el día a día.

 

EN LA ALEGRÍA SE ESTÁ; EN LA FELICIDAD SE ES

Uno está alegre en relación a un contexto, un estímulo específico favorable (un obsequio, una llamada, ir a comer la comida favorita, un beso, etc.) y lo que representa ese estímulo para el receptor. Sin embargo, se puede “ya no estar” al haber una modificación en el contexto y en el estímulo: puedes estar contento porque te dieron tu aguinaldo, pero puedes dejar de estarlo y ahora sentir tristeza si un ratero te lo arrebata.

La forma correcta sería: ESTOY contento.

 

En cambio, en lo que se es, emana del ser con naturalidad, se produce desde el interior; me recuerda a la testosterona: es secretada de las hormonas, puesto que para eso están diseñadas. Creo que absolutamente todos vivimos para cumplir un propósito en la vida, y estoy convencido de que para cumplirlo se logra desde la felicidad, la cual nos dará la fortaleza para soportar todas las pruebas por las que habremos de pasar. La felicidad emana de la actitud que tenemos hacia la forma de vivir.

La forma correcta sería: SOY feliz.

 

LA FELICIDAD PERDIDA

Una persona alguna vez me dijo: «desde hace mucho no soy feliz». Yo conocía su historia de vida, había un abismo enorme entre él y la idea “autorrealización”. Ese no era el problema, el problema era que no sabía qué quería lograr y por ende hacia dónde tenía que moverse; la neblina oscureció su valentía, y lo avasalló la incertidumbre y la desconfianza al punto de quedarse en una posición cómoda, pero disfuncional: se saboteaba para no moverse, como si de un niño perdido se tratase cuando advierte su extravío y no se mueve de ese lugar porque ahí es donde siente menos temor.

 

Uno de los tres profesores que más marcaron mi vida, repitió en diversas ocasiones que la felicidad no es un destino, sino el camino que se recorre. ¿Tú sabes adónde te lleva el camino que estás recorriendo?, ¿sabes la razón para estarlo recorriendo?

 

La persona que no es feliz no está satisfecha con quien es o con lo que ha logrado. En ocasiones como estas, siempre hará falta la opinión de una persona centrada y sabia, así que mi consejo es este: deja de hacerte tonto intentando resolver tus dudas tú solito, difícilmente lo lograrás así; habla con alguien que te ayude a ubicar tus ideas, y si es un psicoterapeuta, mucho mejor.

 

LA ALEGRÍA NO SIGNIFICA PRECISAMENTE BIENESTAR

Mucha gente basa la esperanza de su bienestar en una evidencia precaria: si ya me siento bien, espero en adelante ya estar bien.

 

En terapia es común: llegan los pacientes desesperados por tener claridad con su problema, se desahogan en la primera o segunda sesión y luego ya no asisten porque ya se sienten bien al salir del consultorio. Naturalmente, el problema volverá a manifestarse.

 

Puedes pasar toda una tarde con los amigos tomando cerveza, hablando de bobadas, riéndote como tonto, olvidando por un momento las aflicciones, pero al amanecer la euforia se habrá disipado y el desazón regresado.

 

Una forma absurda de pretender ser feliz es buscar evadir sentirse mal; estas son las pruebas en donde nos perfeccionamos para engrandecernos y lograr nuestro propósito.

Cuando estés listo para el cambio benéfico, estarás encaminándote probablemente a la felicidad.

 

Ci vediamo!

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