Arrepentimiento por decirle puto al árbitro

Hablen con el puto árbitro que viene allá atrás. Maricones”. Palabras de Miguel Herrera en el Estadio Azteca, refiriéndose a Marco Antonio Ortiz, árbitro central del Clásico Joven. La goleada, la más humillante que haya recibido el América en contra del Cruz Azul, le costará cara al Piojo; no solamente el castigo que le impondrá la Comisión Disciplinaria, sino la imagen del entrenador del equipo más ganador del país. La ha tirado a la basura; hoy, parece un bravucón vestido de Gucci, no de un entrenador serio.

Miguel Herrera no tiene filtro, es verdad. Pero hay momentos y lugares para todo. El sábado pasado, los aplastó el Cruz Azul, merecieron perder y hay veces que la clase debe imponerse; saber perder es igual que saber ganar, y parece que Herrera no conoce ninguno de los dos términos. Nadie puede juzgar que el árbitro se haya equivocado en favor del rival.

Los árbitros mexicanos son muy malos, pero son la autoridad, y el mensaje de los entrenadores —como de los jugadores—, debería ser de respeto. Hay quienes se dedican a calificar el trabajo de los silbantes, no lo debe hacer un entrenador, mucho menos un jugador. La autoridad, imagen tan ausente en nuestro país, debe cambiar.

Un video que subió en redes sociales, disculpándose de lo hecho, no le exenta de nada. La Disciplinaria debe aplicar el castigo, ya sea de dos a tres partidos, como lo establece el Artículo 31 en el apartado de las Conductas Antideportivas, en el que está tipificado insultar soezmente a los oficiales del partido, o que le apliquen lo establecido en el Apéndice III del Reglamento de Sanciones, en el que se sancionan Racismo y Discriminación, de lo cual será merecedor a un castigo de un mínimo de cinco partidos.

A Miguel Herrera le deben decir que no puede hacer lo que se le pegue la gana, que el futbol mexicano no gira alrededor de él y que esas actitudes vulgares y violentas lo sacaron de la Selección Nacional. Nadie puede negar lo buen tipo que es y lo distinto que actúa fuera del banquillo, pero saber controlar sus emociones debería ser prioritario para una directiva que sí gira a su alrededor.

Si los videos de disculpas quitaran castigos, todos los harán a partir de hoy. La semana pasada, Antonio Briseño subió el suyo y no le aplicaron el castigo merecido. ¿Será igual con Herrera?, ¿la Comisión sancionará de acuerdo al color de la camiseta y a lo dramático, efusivo y creíble que sea el video?

Además, estratégicamente publica el video en Instagram el pasado domingo, sabiendo que violó el Código de Ética del América y lo que hizo con un uniforme del equipo, lo cual es motivo de rescisión de contrato, algo que seguramente lo tienen presupuestado el dueño del equipo y él.

Este tipo de actitudes, lo único que muestran es la presión que vive Herrera. El equipo, pese a estar en el cuarto lugar, da bandazos. Actitudes para desviar la atención, en vez de profundizar sobre el problema del América, que sólo le ha ganado a Xolos, Monterrey, Toluca, Monarcas y Chivas. Esa es la crisis, profunda no, pero el Piojo Herrera no entendió maldita la cosa del pasado.

VANmx

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