La “Flojera” del Mexicano

5 minutos de lectura

Por: Daniel Rangel

La ciencia y la tecnología nos han facilitado la vida en un montonal de aspectos, y si a esto le sumamos la «maña» que tenemos de hacer el mínimo esfuerzo, tenemos como resultado conductas altamente criticables; por ejemplo, comprar los aparatos de los informerciales para bajar de peso: colócalo en tu abdomen y las vibraciones del aparato «deshacen» la grasa. Como este, hay varios ejemplos que nos ponen en el ojo de la crítica.

NO ES FLOJERA

Arriba entrecomillé la palabra maña porque bien podríamos pensar que el mexicano es un flojonazo de primera que busca realizar una tarea de la forma más rápida y sencilla. No obstante, no es una característica propia del mexicano, sino de los humanos, ya que la mente tiende a buscar los atajos más sencillos entre las diversas posibilidades para responder a una situación ahorrando recursos y energía.

Por ejemplo, una persona compra comida por $397.89 y necesita dividir el pago entre 3 personas, donde cada parte tiene que poner $132.63; es muy probable que quienes den su parte redondeen a $130, $135, $140 o incluso hasta $150, con tal de evitarse la fatiga, de estar contando las moneditas para dar la parte exacta.

La flojera es la indisposición del ánimo para realizar algo por debilidad, cansancio o pereza que se expresa física o psicológicamente en un gran pesar para ejecutarlo. En el ejemplo fue una decisión rápida para desembarazarse pronto de la situación y sin tanto rollo. ¿Flojera? No necesariamente, podríamos pensar en una forma eficiente de resolución.

LA CULTURA DEL MEXICANO

Aunque facilitarse la vida tomando decisiones es una condición humana, esta conducta conlleva aprendizajes culturales que pueden resaltar este rasgo en una población.

Por ejemplo, al mexicano promedio no le gusta leer ni cultivarse mucho que digamos. Pues bien, ¿qué es lo que hace al leer cualquier texto y ver una palabra desconocida? Ignorarla, no se detiene a investigar en el diccionario; al fin y al cabo, entender la idea general del texto es lo importante.

Otro ejemplo es con las películas extranjeras: se prefieren dobladas que subtituladas. El menor esfuerzo presente otra vez. Y si en WhatsApp alguien dice una palabra dominguera, se prefiere escribir en el chat: «¿Qué es eso?», que googlearla.

En otras culturas donde tienen en alto el valor del aprendizaje, tomarían un camino más largo con tal de agrandar sus conocimientos y aprendizajes; no por nada hablan más de un idioma, sus faltas de ortografía son mínimas, son más abiertos en su forma de pensar…

PELADITO Y EN LA BOCA

Aunque tengamos varias facilidades, pareciera no ser suficiente, y gran parte de las veces queremos algo peladito y en la boca.

En un grupo de WhatsApp no falta quien no lee los 25 mensajes y opta por preguntar lo que ya se preguntó varias veces y se aclaró, porque es más fácil hacerlo que leerlos para estar al tanto.

Si bien, facilitarse la vida es una condición humana, algunos recuerdan al sujeto de aquel chiste del concurso del más flojo, donde un mexicano lo gana, y cuando lo invitan a recoger el dinero que se ganó de premio, les pide que vayan y se lo echen en la bolsa del pantalón.

Cómo olvidar el clásico evento, producto o servicio promocionado en redes sociales con los datos básicos a la vista: fecha, hora, costo, lugar…; y no pueden faltar los condenados preguntando con osadía la información que ya está anunciada: «¿Cuál es costo?».

Algunos no lo quieren peladito y en la boca, ¡lo quieren ya masticado y con embudo!

¿QUÉ UTILIDAD TIENE?

Si facilitarse la vida es una tendencia normal, ¿en qué momento se ve con malos ojos?

El esfuerzo es un elemento que valoramos en los demás, es decir, que pongan de su parte para conseguir algo; por ello, se admira y respeta más a quienes se ganan sus bienes trabajando que a quienes reciben las recompensas con un esfuerzo mínimo o nulo.

Si se ve con malos ojos es insustancial, lo interesante de esto es el indicio de la riqueza o pobreza mental y la actitud que tenemos y que aspiramos a mantener y seguir reforzando, además de los beneficios que podemos ganar o dejar ir al tomar una decisión.

Recuerdo jóvenes que para realizar su servicio social le pedían a algún conocido que tuviera un negocio que les firmara sus horas, pero sin trabajar. ¡Qué experiencia iban a adquirir para un trabajo si solo cumplían con entregar la hojita firmada en la escuela!

Para unos fue flojera por la pesadez de tener que ir a trabajar: ¡Qué hueva ir! Para otros fue un atajo porque, además de hacer el servicio social, estudiaban y trabajaban.

CUERPO Y MENTE

La flojera guarda un componente físico y psicológico, digamos: estar en una plática de un tema que no se percibe interesante; tener que limpiar el desorden que dejó el perro en la casa luego de un día ajetreado en el trabajo. Puedo realizarlo de mala gana y con mediocridad, o puedo no hacerlo.

Suele conllevar una estigma negativa erróneamente, pues no siempre

Por otro lado, la condición humana para facilitarse la vida tomando atajos, consiste en hacer eficiente una tarea con el fin de gastar la menor energía posible y con la menor cantidad de recursos, sin estar necesariamente débil, cansado o sentir tedio como en la flojera: hacer un cálculo muy general de la cuenta a pagar en un restaurante, sin detalles; elegir una película de Netflix solo por la portada para alcanzar a verla en un lapso determinado.

La actitud es un elemento clave, limita el desarrollo humano, pues a partir de ella podemos determinar qué camino tomar por muy corto o largo que sea, y los beneficios resultantes de ello.

A propósito, ¿tú prefieres ir en carro a las tortillas para evitar la fatiga o matar dos pájaros de un tiro yendo por las tortillas y caminando para activar al cuerpo? Cuéntame.

Ci vediamo!

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