San Luis Potosí cierra este 2025 de manera desafortunada y sin un rumbo claro hacia el 2027. Se ha instalado la narrativa de que una mujer será la próxima Gobernadora del Estado; sin embargo, más allá del discurso, en la práctica no se observa un trabajo serio ni estratégico que encamine a ese escenario.
Lo que sí se percibe con claridad es una guerra desmedida a través de portales digitales que se han dedicado exclusivamente a desprestigiar a los actores políticos. El problema es que esta dinámica no fortalece a nadie: por el contrario, está agotando al protagonismo más importante de cualquier proceso electoral, la población, que llegará cansada y desencantada a la votación de 2027.
¿Por qué hoy se habla ya del 2026?
Porque será un año clave para definir si se concretan alianzas o si estas se rompen definitivamente. Será el momento en que se conozcan las primeras cartas fuertes de cada partido y se decida quién camina acompañado y quién se arriesga a ir solo.
La gran pregunta es: ¿quién dará el primer paso?
Se dice que podría ser el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que estaría explorando un posible arreglo con el Partido Verde Ecologista. No obstante, también hay que considerar que su actual dirigente, Sara Rocha Medina, podría aspirar a la candidatura. Siendo realistas, el PRI hoy no cuenta con las bases ni con los números necesarios para competir solo. Si no logra una alianza con el Verde o un acuerdo con el Partido Acción Nacional (PAN), corre el riesgo de perderlo todo.
El PAN, por su parte, solo tendría margen de maniobra si logra un acuerdo con el Partido Verde o decide ir en solitario. Lo que parece prácticamente imposible es una alianza con Morena, su principal enemigo a nivel nacional. Aunque en el blanquiazul se ha hablado de competir solos, el problema es que sus cartas fuertes son hombres y no mujeres, a lo que se suma una fractura interna evidente con liderazgos tradicionales como los Azuara y algunos diputados panistas, entre ellos Aranza Puente.
En Morena, la situación no es menos compleja. El partido está claramente dividido entre el grupo de Gabino Morales y la dirigencia estatal encabezada por Rita Ozalia Rodríguez, hermana de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, lo que le da un peso federal importante. Sin embargo, en los últimos meses Morena no ha logrado incrementar su padrón de afiliados como se esperaba y además, ha sido señalado por presuntamente condicionar registros a través de programas sociales.
Los partidos Nueva Alianza y del Trabajo se mantienen a la expectativa. Ambos buscan las mejores propuestas sin “batallar” demasiado y, conforme se mueven las piezas, todo indica que podrían inclinarse hacia el Partido Verde.
Y es precisamente el Partido Verde uno de los actores centrales de este escenario. Sus resultados han sido tanto positivos como negativos. Por un lado, ha logrado posicionarse; por otro, el actuar de varios de sus actores al interior del partido y el comportamiento de personas cercanas a su líder han generado desgaste.
En el caso de Movimiento Ciudadano, la división interna también es evidente: por un lado Marco Gama y por el otro Marvely Costanzo, disputándose el control del partido y debilitando su presencia rumbo a los próximos años.
Así las cosas en la política potosina al cierre de 2025. Un tablero fragmentado, alianzas inciertas y un electorado cada vez más cansado. El 2026 será decisivo para saber quién logra ordenar su casa y quién se queda fuera del juego rumbo al 2027.
Lucía López /Redacción
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