La historia de hoy parece sacada de una película de ciencia ficción, sobre todo porque se trata de una nueva investigación acerca de la materia oscura, uno de los mayores misterios de la ciencia moderna, desde que la descubrió en los setentas del siglo pasado, la doctora Vera C. Rubin.
Los efectos gravitacionales de la materia oscura están presentes en las galaxias, funciona como “pegamento” que las mantiene unidas, sin embargo, no produce ni interactúa con la luz como las demás partículas conocidas.
La explicación más aceptada propone que está formada por partículas diminutas y exóticas, pero nadie ha logrado observarla directamente. Lo cierto es que, tras años de búsquedas infructuosas, algunos físicos han comenzado a explorar ideas radicales que podrían cambiar nuestra visión sobre el origen del cosmos.
De acuerdo con un nuevo modelo, se propone abandonar el mundo microscópico y mirar hacia objetos enormes. Es decir, la materia oscura podría estar formada por agujeros negros formados antes del Big Bang, extremadamente compactos, que no emiten luz y cuya presencia sólo se revela a través de su influencia gravitacional.

Un escenario basado en el llamado “Universo de rebote”, propone que los agujeros negros nacieron en una fase previa, cuando el cosmos aún se estaba contrayendo en lugar de expandirse como hoy. Donde el Universo atravesaría ciclos de contracción, rebote y expansión, dando lugar a una nueva etapa como la que vivimos.
Evitando el abismo gravitacional
Durante mucho tiempo se pensó que, un Universo en contracción terminaría inevitablemente en una singularidad. Un punto infinitamente denso donde las leyes de la física dejan de funcionar y toda la materia queda destruida sin posibilidad de continuidad o supervivencia alguna.
Sin embargo, modelos teóricos recientes sugieren que el colapso pudo detenerse antes de alcanzar ese extremo y al llegar a una densidad crítica, el contenido del Universo se habría comportado como un cuerpo rígido, capaz de frenar la contracción.

Es ahí cuando ocurriría el rebote cosmológico en el que el Universo dejó de encogerse y comenzó una rápida expansión que sentó las bases del Big Bang, originando el espacio, el tiempo y la evolución cósmica que finalmente conduciría a galaxias, estrellas y planetas.
La clave está en que, antes de ese rebote, mientras aún ocurría el colapso, se formaron grandes concentraciones de materia que quedaron aisladas del resto del Universo, desconectadas causalmente, lo que les permitió atravesar la transición sin disolverse en el caos energético del rebote.
Canales de supervivencia
Cuando el Universo inició su nueva expansión, estas regiones densas volvieron a entrar en el horizonte cosmológico y gracias a su enorme gravedad, ocurrió un colapso casi inmediato, transformándose en agujeros negros, formados de manera natural durante esta transición.
Los cosmólogos suelen llamar a estos objetos agujeros negro primordiales o “reliquia”; los cuales serían invisibles. Según la teoría, su abundancia y masa coincidirían con lo que hoy atribuimos a la materia oscura, explicando su efecto gravitacional sin necesidad de nuevas partículas.
Existe además un segundo mecanismo de supervivencia aún más llamativo, en el que algunos agujeros negros y estrellas de neutrones se formaron incluso antes del rebote, quedando protegidos por sus propios horizontes gravitacionales cerrados.
Y gracias a esta desconexión que funcionaría a modo de protección extrema, lograron atravesar el rebote sin ser destruidos. Los cálculos indican que, cualquier objeto con un tamaño mayor a noventa metros podría haber sobrevivido intacto al evento más energético de la historia del Universo.
Semillas y susurros cósmicos
Esta teoría también ayuda a explicar un viejo enigma y aún pregunta abierta de la astrofísica: la rápida aparición de agujeros negros supermasivos en el centro de las primeras galaxias, cuando el Universo aún era demasiado joven para que tuvieran el tiempo suficiente para crecer.
Pero, a ver, si estos objetos ya existían desde un ciclo cósmico anterior, entonces habrían actuado como semillas gravitacionales y a su alrededor, el gas se habría acumulado con rapidez, formando galaxias tempranas y encendiendo los brillantes cuásares que iluminan el Universo primitivo, ¡lo que precisamente se ha observado!
Además, estos antiguos agujeros negros podrían estar dejando huellas observables que hoy en día ya podemos detectar y ya hemos encontrado. en los observatorios de ondas gravitacionales, podrían corresponder a colisiones entre estas reliquias invisibles de un universo previo.
Futuras observaciones del fondo cósmico, de lentes y de ondas gravitacionales podrían revelar su presencia definitiva. Lo más impresionante es que de confirmarse, significaría que parte del contenido del Universo nació antes del Big Bang, algo que sin duda, le gustaría ver al astrónomo que escribe estas líneas.
Con información Metereored
Síguenos en nuestras redes sociales
Tu voz en la conversación pública, deja tu comentario de esta noticia
En nuestro compromiso con el periodismo participativo, te invitamos a compartir tu opinión sobre los temas que marcan nuestra realidad: política, seguridad, sociedad y actualidad viral.
Tus comentarios contribuyen a una comunidad informada, crítica y respetuosa.
Por favor, mantén un tono constructivo y evita expresiones ofensivas. La pluralidad de ideas es bienvenida cuando se expresa con responsabilidad.








