En Fundadores, los abuelos no son personas, son trámites

Hoy es 28 de agosto, Día del Abuelo. En Facebook abundan los moños, las flores y los “gracias por todo”. Pero a unas cuadras de la plaza de Fundadores, la celebración es una mentira.

Lo vi yo. Lo viví yo.

Esta mañana, una señora de la tercera edad llegó temprano a una sucursal bancaria en Fundadores. Hizo fila. Aguantó el sol. Esperó horas. ¿Para qué? Para que al final una señorita detrás de un vidrio le dijera sin verla a los ojos: “Le falta un papelito, regrese más tarde”.

No es la única. Ahí mismo llegan abuelitos en silla de ruedas, solos, sin un hijo, sin un nieto que los tome de la mano. Vienen a rogar por su propio dinero. Pero lo que pasó el día 28 a las 10 de la mañana rompe todo.

Una ambulancia estacionada afuera del banco. Uno piensa: alguien se desmayó. No. Era una mujer que el banco obligó a venir en persona. En camilla no sabemos que tipo de enfermedad podría ser diabetes, hipertensión, con cáncer, con los pulmones dañados, peros si la vimos conectada a oxígeno, sin poder moverse.

¿Y al banco le importó? Absolutamente nada. Su salud, si respiraba, si se sentía mal, si se moría ahí, no era su problema. Su problema era: “que firme aquí. Que ponga la huella. Es el requisito”.

Mientras los paramédicos le tomaban la presión y luchaban por mantenerla estable, adentro seguían con sus trámites . Fríos. Indiferentes. Como si atender a una persona enferma fuera una molestia en su rutina.
Los médicos lo advirtieron: sacarla así, tenerla esperando, es poner su vida en riesgo. Puede empeorar, puede no regresar. Y todavía hay más. Para rematar la humillación, la hicieron pasar por un lugar apartado, escondido. Como si estar enferma fuera un delito. Como si su cáncer y su oxígeno fueran algo que hay que ocultar. Eso no es protocolo, eso es discriminación.

¿Y la ambulancia? ¿La pagó el banco por obligarla a venir? No. La pagó la familia. Más de 900 pesos. Novecientos pesos que una familia potosina tuvo que pagar solo para que el banco se dignara a ver a su abuela.

Por eso hoy, en Día del Abuelo, no hay nada que celebrar en Fundadores.

¿Cómo es posible que en 2026 un banco no pueda hacer una videollamada? ¿No pueda mandar a un ejecutivo a su casa? ¿No tenga una firma digital? ¿La única solución es que un abuelo arriesgue la vida en una camilla?

Nuestros abuelos no son un número de cuenta. No son un NIP. Son nuestra historia. Son lo más valioso que tenemos.

Si ellos ya no pueden ir al banco, que el banco vaya a ellos. Esa es la regla mínima de humanidad.

Lo demás, es inhumano.

Lucía López

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