Arqueólogos reconstruyen la inscripción de la piedra de Svingerud, el ejemplo de escritura rúnica más antiguo que se conoce

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La reconstrucción de una piedra fragmentada descubierta en Noruega está cambiando lo que sabemos sobre las primeras runas y y ofrece nuevas pistas sobre el origen de la escritura germánica.

En el verano de 2021, un equipo de arqueólogos iniciaba la campaña de excavación de un discreto campo de tumbas en Svingerud, una zona rural del sureste de Noruega. A simple vista, el lugar no parecía diferir de otros yacimientos funerarios de la Edad del Hierro escandinava, con sus montículos de tierra, sus restos de cremaciones y un puñado de objetos funerarios dispersos. Sin embargo, un fragmento de arenisca rojiza hallado bajo una tumba estaba a punto de cambiar la historia.}

Cuando los investigadores limpiaron la piedra, notaron sobre la superficie una serie de incisiones muy finas. Algunas parecían simples líneas o motivos geométricos, pero otras recordaban a caracteres rúnicos. A medida que avanzaban las excavaciones, salieron a la luz más fragmentos dispersos: pertenecían a una única losa monumental, fragmentada en numerosos trozos.

Durante los años siguientes, se trabajó con esos fragmentos como si perteneciesen a un complejo rompecabezas arqueológico. Gracias a las dataciones por radiocarbono a partir de los contextos funerarios asociados, los científicos pudieron datar el artefacto. Y en ese momento sucedió algo extraordinario: la piedra podría situarse entre el 50 a.C. y el 275 d.C., lo que la convertiría en el ejemplo más antiguo conocido de una piedra con escritura rúnica datada arqueológicamente.

Un hallazgo excepcional en el cementerio de Svingerud

El descubrimiento se produjo en el campo funerario de Svingerud, en el municipio noruego de Hole, a unos 40 kilómetros al noroeste de Oslo. Aunque antes de las excavaciones arqueológicas recientes ya se conocían en el lugar tres montículos funerarios, los trabajos realizados entre 2021 y 2023 revelaron una estructura mucho más compleja.

Así, los arqueólogos identificaron cuatro túmulos funerarios y dos tumbas planas de la Edad del Hierro romana. Las tumbas contenían restos de cremaciones, carbón vegetal, huesos calcinados y diversos objetos funerarios, como broches, agujas, cinturones y fragmentos de peines de hueso. Fue en una de estas tumbas planas (la denominada A4367) donde apareció el primer fragmento de arenisca con runas. Posteriormente, se hallaron otros fragmentos en contextos cercanos, incluidos algunos en la tumba A1790 y varios más dispersos en la superficie.

En total, los investigadores reunieron doce fragmentos principales que, en conjunto, pesaban más de 100 kilogramos. A estos se suman unos 160 fragmentos adicionales de pequeño tamaño que se recuperaron al tamizar el sedimento. El análisis demostró que todos pertenecían a una misma losa de piedra arenisca.

La datación que cambió la historia de las runas

Determinar la antigüedad de las piedras rúnicas suele ser muy difícil. Por eso, el caso de Svingerud resulta excepcional, ya que algunos fragmentos aparecieron directamente asociados a una tumba. Los investigadores realizaron 29 dataciones por radiocarbono de restos orgánicos procedentes del campo funerario, incluidos fragmentos de carbón y huesos humanos cremados.

Los resultados indican que el cementerio estuvo en uso entre el 400 a.C. y el 400 d.C., aproximadamente, si bien la mayoría de las muestras se concentran entre el 50 a.C. y el 250 d.C. En particular, la tumba que contenía uno de los fragmentos con inscripciones se sitúa entre el 50 a.C. y el 275 d.C. Este intervalo cronológico es crucial, porque sitúa la piedra rúnica varios siglos antes de la mayoría de las piedras que se conocen con inscripciones similares. Hasta ahora se pensaba que la tradición de erigir piedras rúnicas había surgido entre los siglos IV y V d.C., pero el hallazgo noruego sugiere que la práctica podría ser mucho más antigua.

¿Cómo reconstruir una piedra destruida?

Dado el estado fragmentario de la piedra, reconstruirla fue un proceso complejo. La investigación sugiere que la piedra se fragmentó intencionalmente y se reutilizó en diferentes momentos dentro del propio cementerio, lo que explicaría por qué algunos fragmentos aparecen en contextos distintos. Los investigadores designaron los fragmentos principales de la pieza como Hole 1, Hole 2 y Hole 3.

Hole 1 corresponde a la base del monumento. No presenta inscripciones claras. Probablemente, se corresponde con la parte inferior de una piedra hincada en el paisaje funerario. Hole 2 es el fragmento más significativo desde el punto de vista epigráfico. En su superficie se detectaron numerosas incisiones. Algunas son runas reconocibles, mientras que otras parecen motivos ornamentales o imitaciones de signos de escritura. Hole 3 contiene otra inscripción rúnica que pudo reconstruirse al ensamblar varios fragmentos dispersos.

La inscripción más clara: un posible nombre antiguo

Entre las diversas marcas grabadas en la superficie del fragmento Hole 2, los investigadores identificaron una secuencia de ocho runas especialmente claras que se leen idiberug. Aunque el significado exacto sigue siendo objeto de debate, los especialistas consideran que podría tratarse de un nombre de persona. Una de las hipótesis más plausibles es que corresponda a un nombre femenino compuesto similar a Idibergu.

El segundo elemento del nombre podría relacionarse con una raíz germánica que significa “protección”, “ayuda” o “refugio”. Si esta interpretación fuese correcta, la inscripción podría referirse a la persona enterrada, a quien encargó la piedra o a algún individuo relacionado con el ritual funerario. No obstante, otras interpretaciones siguen siendo posibles, ya que algunas runas presentan formas poco habituales que dificultan la lectura definitiva de la inscripción.

¿Una inscripción rúnica escrita por una mujer”

Otro de los fragmentos reconstruidos contiene una inscripción más larga cuyo mensaje se ha interpretado ek … fahido runo. En las lenguas germánicas antiguas, esta fórmula puede traducirse como algo similar a “yo grabé la runa”. Lo más llamativo es que el nombre asociado al verbo podría estar en forma femenina. Si esta interpretación se verifica, la inscripción constituiría el testimonio más antiguo conocido de una mujer que afirma haber grabado un texto rúnico.

Una pieza esencial para entender el origen de la escritura rúnica

La reconstrucción de un monumento a partir de los fragmentos hallados en Svingerud ha permitido identificar arqueológicamente la piedra rúnica más antigua conocida hasta el momento. Su cronología, situada entre el 50 a.C. y el 275 d.C., obliga a reconsiderar cuándo dio inicio la tradición de grabar runas en piedra.

En conjunto, el hallazgo ilustra una fase temprana de la escritura rúnica en Escandinavia, en un momento en que se estaba experimentando con formas, funciones y significados. A medida que continúen los estudios sobre los fragmentos y se identifiquen nuevos paralelos, esta piedra podría convertirse en una pieza fundamental para reconstruir los orígenes de una de las escrituras más fascinantes de Europa.

Con información de Muy Interesante.

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