Esperanza muere al último!

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Por: Fernando Espinosa Rúa

Contemplar y estimular la fuerza que lleva a seguir luchando para lograr los objetivos deseados y enfocarnos en ellos.

Es un sentimiento, es una respuesta afectiva interna que se genera ante diversas circunstancias y frente a las crudezas del destino. Esta puede ser entendida como un ánimo o una actitud de espera positiva, puntual y confiados en que las cosas saldrán favorablemente. Para Eduardo Calixto la esperanza es un proceso activo, ya que el cerebro tiene una gran capacidad para reaprender, ajustar el rumbo, volver a hacer el intento, lo que permite el desarrollo de la esperanza y la mejora social.

Donde una puerta se cierra, otra se abre.

El optimismo y la esperanza nos infunden buen ánimo, nos permiten ganar aliento ante la adversidad e imaginar mejores horizontes que los del momento difícil cuando éste se nos presenta todo negativo, insuperable, insuficiente o doloroso.

Quizá esto nos otorga el aliento justo para hacer un control de daños, buscar apoyos, o ya si de plano queremos insistir en el plan pesimista, a veces pensar que podríamos estar aún peor, es un incentivo a levantarse, recuperar nuestra capacidad de acción y detener el colapso general.

Por eso mejor pensemos que una mirada llena de optimismo y esperanza permite confiar en que algo bueno sucederá, que las desgracias y los pesares pasarán. Se refleja en dichos como “ya vendrán tiempos mejores”. Ojalá, denota vivo deseo de que suceda algo, que tiene su origen en la expresión árabe “wa šá lláh”, que significa “Dios quiera”. Es una apelación a la divinidad para que interviniera en un futuro deseado.

Por el optimismo resaltamos las cosas buenas que tenemos en la vida, ponderamos lo positivo y tratamos de reaccionar ante las circunstancias que nos afectan con dolor, aprieto o pesar.

La esperanza es la actitud íntima de espera confiada, de expectativa favorable ante algo venidero, y da pie a alinear los esfuerzos y la acción hacia ello.

Una vida sin esperanza resquebraja su sentido, ya que esta tiene la función de motorizar la alegría y atenúa los pesares y agobios. Ella y el optimismo permiten superar los sucesos y acontecimientos negativos y seguir creciendo.

Permite aceptar con mejor ánimo determinados sufrimientos si creemos que algo de dicha y buenaventura sucederá pronto, resulta extrañamente reconfortante pensar que las cosas están tan, pero tan mal, que la única opción es que empiecen a mejorar, y de hecho lo harán si recobramos nuestra autodirección.

La esperanza se vincula con el anhelo de ser correspondido, un deseo de que el otro también sienta esa conexión y pueda ser parte de una relación futura, entonces se convierte en una construcción social y no sólo se aloja en nuestra cabeza.

Se dice que se no deben crear falsas esperanzas porque suponemos que son expectativas o ilusiones irrealistas que carecen de fundamento en la realidad y que, en lugar de motivar, suelen conducir al fracaso, a la decepción o a la falta de acción ante una situación que requiere a una decisión adecuada y contundente, esto nos puede conducir a la frustración. También se critica el “echaleganismo”, o no reconocer condicionantes del sistema en el que estamos inmersos.

Esto se desarrolla así porque se alimentan deseos optimistas, pero irreales, sin tener en cuenta las dificultades o la verdadera posibilidad del éxito, ciertamente también se hacen borrosas nuestras fortalezas y oportunidades reales, porque a lo mejor no son las que más nos gustan o nos son atractivas, o porque a lo mejor queremos quedar bien con alguien más que nos trata de influir.

Muchas veces la esperanza se basa en no tener una comprensión clara de la situación e ignorar una realidad para mantener una ilusión debidamente fundada.

En algunas relaciones abusivas, los perpetradores a menudo crean falsas esperanzas par controlar a la victima, ofreciendo atención positiva intermitente para mantenerlas enganchadas.

En muchos casos se genera una decepción al no cumplirse las expectativas.

A veces la falsa esperanza genera una confianza excesiva que se desmorona al darse cuenta que no se tiene el control deseado, cuando en realidad ese margen de error deberíamos integrarlo en nuestros cálculos y gestionarlo con medidas concretas. De manera muy elegante esto se llama planear y actuar estratégicamente, las abuelitas dirían de manera mas entendible “al mal tiempo buena cara” o “ayúdate que Dios te ayudará”.

Ahora, una escena muy familiar:

Un proverbio afirma que lo ultimo que se pierde es la esperanza.

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