Una estocada más al dinosaurio

Por: José Luis Solís Barragán

El Partido Revolucionario Institucional, desde sus origines, tiene genes que lo ligan por completo con el actuar del Estado. Desde su fundación en 1929 y hasta finales del siglo pasado, en todas las elecciones compitió con el apoyo “institucional” de los entes gubernamentales; y es justamente esos genes, lo que lo tiene hoy al borde del abismo.

A finales del siglo pasado, a partir de 1988, después de la cuestionada elección que le otorgó el triunfo al expresidente Carlos Salinas de Gortari, el PRI no transformó su esencia de Partido de Estado, sin embargo, aprendió a coexistir con la única oposición real que se edificaba con el apoyo de los empresarios desencantados por las decisiones presidenciales, es decir con el Partido Acción Nacional.

Sería a partir de ese año, que la simbiosis PRI-AN, comenzaría a dar forma a la incipiente democracia mexicana, por un lado, el Partido del Estado, reconocía triunfos electorales de la oposición y esa misma oposición legitimaba a un presidente que fue fuertemente cuestionado por la caída del sistema.

En 1997, el PRI aceptaba los fracasos en los comicios intermedios que renovaba la Cámara de Diputados, reconociendo una mayoría legislativa para la oposición; y está transición pactada, culminaría en el año 2000 con la llegada del primer presidente no emanado de las filas del tricolor, es decir Vicente Fox Quesada.

El PRI vivió una fuerte crisis política a lo largo de ese sexenio, pero el dinosaurio pudo levantarse ante los fracasos de los gobiernos emanados del PAN, a ello también es necesario sumar que, si bien el tricolor abandonó Palacio Nacional, los Estados se convirtieron en el albergue que aceitaba la maquina electoral.

Doce años fuera de Palacio Nacional, fortalecieron la simbiosis PRI-AN, no como una mafia del poder, pero sí como un elemento de estabilidad política, las fuerzas disputaban los espacios entre ellas, pero pactaban transitar sin mayores sobresaltos.

El PRI se convirtió en una oposición relativamente cómoda, pero dada la ineficacia política de Vicente Fox y Felipe Calderón, no se lograron construir los canales políticos sólidos que reflejaran esa oposición acomodaticia que representó el tricolor; y por el contrario, se daba un aparente encono entre ambas siglas.

El sexenio de Peña Nieto y el Pacto por México, dejó el camino a la denuncia pública de la mafia del PRI-AN, pero ahora le sumaban las siglas del PRD, que el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador abandonaba para ir en busca de su nuevo proyecto MORENA.

El inició de la administración peñista y los acuerdos cupulares, limitaron toda oposición, solo se alzaba la voz de AMLO y se debe reconocer algunos actores internos dentro de los partidos políticos mayoritarios, sin embargo, esas voces muchas veces fueron acalladas, por los tomadores de decisiones en las estructuras jerárquicas de los partidos políticos.

La llegada de Andrés Manuel al poder solo fue una muestra clara que la gente se había cansado de los acuerdos cupulares; y al único que vieron como oposición real del régimen de partidos, fue a un partido MORENA, que tiene una alta esencia priista corriendo por sus venas; y ello nos permite entender el contexto actual.

El PRI tiene en su esencia al Estado, el tricolor no sabe vivir fuera del Estado; después de tanto tiempo, es claro que siguen si aprender a ser oposición; quieren vivir de los acuerdos cupulares

que les garantice cotos de poder, aunque ello vulnere su desgastada posición frente a la sociedad.

El Revolucionario Institucional, no necesita hacer foros para entender el contundente fracaso del año pasado e incluso del descalabro electoral de estas últimas elecciones, su derrota se debe principalmente a la simulación como forma de hacer política, desvinculación con su ideología primaria y sus militantes y por último y más pesada, es la loza que carga de los sin número de casos de corrupción entre sus gobernantes.

El PRI tuvo en sus manos la posibilidad de reinventarse con una nueva dirigencia que emanara de un nuevo pacto social de sus propios militantes, de desterrar esa manía de estar del lado del Gobierno, para convertirse en una oposición real; de demostrar que la corrupción no es un tema generalizado, sino uno particular y que se estaba trabajando en su erradicación.

Para desgracia de los priistas, el partido apostó por gatopardismo, a cambiar todo, para que la final nada cambie; la cúpula sacrificó la democracia interna por respetar la decisión de los señores gobernadores que en gran parte son responsables del fracaso; el PRI tiró por la borda una oportunidad única de demostrar que era diferente.

La renuncia de José Narro Robles, dejó al descubierto ese dinosaurio que sigue aferrado a la estructura del edificio de la calle insurgentes; Narro Robles se va del PRI, pero no sin antes dejar clavada una estocada más a un instituto que se encuentra desangrando y parece nadie hace quiere hacer nada por curarlo.

Hoy seguir en el PRI, no puede ser motivo de orgullo; hoy seguir en el PRI es dar cobijo a un gobierno con tintes antidemocráticos y de un alto grado de ignorancia; hoy por México, los priistas deben castigar a su partido, para obligarlo a convertirse en un contrapeso real a Andrés Manuel y de los gobernadores priistas; para que solo de esa manera, pueda sentirse de nuevo un orgullo por ser priista.

El PRI está permitiendo que este Gobierno desmantele las instituciones que tanto presumió haber construido; todo para que le sean respetados ciertos espacios de poder, pero también para fortalecer el pacto de impunidad que se presume se hizo entre Andrés Manuel y Enrique Peña Nieto.

Sin duda alguna el PRI, se encuentra en la mayor encrucijada que haya enfrentado hasta el momento; el Revolucionario Institucional se debate entre vivir alejado del Gobierno o cercano a él; entre estar con sus militantes o seguir construyendo acuerdos cupulares; y lo que es peor entre ser un partido satélite del Gobierno o una oposición real que sufra ante las embestidas gubernamentales.

El PRI se debate entre la vida y la muerte, todavía no va un año de su salida de la máxima magistratura del país y los pronósticos son reservados; por lo que los siguientes meses serán determinantes, para saber cuál será el destino que le fijarán sus dirigentes.

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