No es de TOC, es por Salud

Por : Daniel Rangel

Aunque algunos estados del país han pasado al semáforo amarillo de la cuarentena, la mayoría permanece en color naranja. Parece alentador, pero conlleva algo aterrador, pues mucha gente ha bajado la guardia y ha cometido muchos atropellos profilácticos respecto a nuestro archienemigo: el COVID-19.

Por ejemplo, ¡¿quién no has visto gente que recién agarró dinero y sin lavarse las manos se pone a comer papas, galletas…, mientras se complace?!

MI MÉXICO BONITO Y SU HERMOSA CULTURA…

Ya habremos perdido la cuenta de los videos que hemos visto de gente saltándose las medidas preventivas de maneras divertidas, grotescas y olímpicas, provocando risas, a veces por gracioso, a veces por incredulidad y otras por impotencia: mientras uno se cuida, ellos hacen y deshacen sin el menor indicio de preocupación.

Qué nos haría humanos si no tuviéramos, en parte, la capacidad para replicar a los cuestionamientos de los demás ante una acción que hayamos hecho.

Mil y un argumentos se han dicho para justificar los atropellos más visibles en esta pandemia: «El COVID no existe, es obra del gobierno», «Dios me cuida, no me pasa nada», «es mi cuerpo y yo decido si usar cubrebocas», «yo no he conocido a ningún contagiado / muerto», «si ni el presidente usa el cubrebocas, ¿por qué yo sí?», etc.

Desde ahí y aún más atrás, estamos jodidos; sí, dije ES-TA-MOS, porque bien dice el dicho: por uno la llevan todos.

Esa es nuestra cultura, la que tiene una fuerza bruta orientada al egoísmo: Yo me preocupo por mis asuntos, no me importan los demás.

Cuando un vecino hace fiesta en su casa y cierra la calle, ¿cuántos le habrán preguntado a sus vecinos si tienen problema con que ponga su toldo tapando más de media calle y una camioneta atravesada a lo ancho para que no pasen carros? O ¿cuántos habrán pensado: «Ya casi es medianoche, voy a bajarle a la música para no incomodar de más a los vecinos»?

Al contrario, son los afectados los que tienen que hacer la petición o aguantarse.

Insisto, esa es la cultura mexicana: ser ventajista para obtener los mejores beneficios aunque eso signifique que el otro se joda quedándose con los restos, lo peorcito o sin nada.

¿Pensar y obrar en el bien común? No, joven, ahorita no. Gracias.

PARA DARLE SAZÓN, UN POCO DE SUCIEDAD

Recuerdo una plática que tuve con un amigo hace mucho, hablábamos de los hábitos antihigiénicos que nos ha tocado ver; fue muy graciosa porque no podíamos dar crédito que la gente fuera tan poco cuidadosa con la limpieza al servir o despechar a otras personas.

El otro lado de la moneda es que esa es la normalidad de mucha gente, unos son incapaces de advertirlo y otros simplemente no le toman importancia. Un ejemplo: Mi amigo había ido a comprar pollo; el despachador trapeaba, y con las mismas manos inmundas que lo hacía, agarró el pollo que pretendía venderle. Naturalmente, mi amigo lo rechazó y el señor, asombrosamente, se indignó.

Seguro pensarás: ¡¿quién hace esas marranadas?! Aunque la anécdota rasguña lo extremo, no es de sorprender si vemos con atención los ejemplos del siguiente apartado, y para ello, relataré antes una anécdota de mi infancia.

En cierta ocasión me quedé escuchando al papá de un estudiante que ni siquiera yo conocía, ve tú a saber por qué, pero lo importante es su frase; me pareció graciosa la forma en que lo dijo, aunque él lo decía con seriedad: «¡Imagínate, la mosca va y se para en el perro, y luego va y se para en tu changüis, y tú te lo comes!».

LO QUE NO TE MATA, ¿TE HACE MÁS FUERTE?

Todas las historias que comparto a continuación han ocurrido durante esta cuarentena.

· Las puertas de la casa. No salir de casa en esta cuarentena no significa no ir a la tiendita, a la carnicería, a pagar X servicio… En esa medida, prácticamente todos hemos salido.

Por supuesto, el dinero, las llaves, el tubo del camión…, contaminan las manos, y estas hacen lo mismo con la agarradera / perilla de cada puerta de la casa, hasta que por fin uno se lava y limpia las agarraderas (aunque, ¿alguien las limpia cada vez que regresa de la calle?…).

ANÉCDOTA: Una persona llama a la puerta de un vecino; al abrir este hace un gesto de flojera pasando la mano por su cara sin reparar que había tocado la agarradera de la puerta, probablemente sucia.

· El carro. Estás en la calle donde has agarrado montonal de objetos potencialmente contaminados del virus; vas a tu auto, agarras las llaves, la manija de la puerta y luego el volante y la palanca. Si no lo limpiaste después de usarlo, así se quedará.

ANÉCDOTA: Reunión de trabajo, todos llegamos en coche. De 10 compañeros, 5 nos lavamos las manos apenas entramos de la calle. Ofrecen botana en un recipiente común para que se sirva cada quien en su plato. Todo bien hasta aquí. Comienzan a servirse: con gran avidez sumergían las manos en el traste común sin haberse lavado ni desinfectado el resto de los compañeros. Uno de ellos se da cuenta y dice: «Yo tengo las manos limpias». Con los pelos de la burra en la mano, puedo decir que mintió.

· El cubrebocas. Viajaba en el camión cuando se sube una mujer con desprolijo en su aliño personal; eso sí, el cubrebocas lo cargaba, desafortunadamente de manera errónea: lo tenía en su cabello como quien se pone los lentes sobre el lóbulo frontal. El operador le pidió que se lo colocara bien, y gruñendo asintió. Por fin se lo puso como Dios manda, aunque con sus manos insalubres que ya habían agarrado el dinero y los tubos del camión.

Lo mismo ocurre con quien va a entrar a una tienda o dependencia, se baja del carro y sin desinfectarse se ponen el cubrebocas.

«OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE»

Mientras no se vea la suciedad, muchos no se alertarán. Si pusieras pintura en la palma de tus manos, simulando el virus, y siguieras haciendo tus actividades normales, al cabo de un rato mancharías la cara, el cabello, la ropa, el celular, las llaves, la comida, etc. Por cierto, hay un experimento similar, y dejaría a muchos muy siscados.

Ahora tampoco la olvidarás: «¡Imagínate, la mosca va y se para en el perro, y luego va y se para en tu changüis, y tú te lo comes!». Si agarras algo sucio, esa misma suciedad la llevas a otro objeto, y sin advertirlo ya está en tu organismo. Evidentemente, muchos lejos de hacerse más fuerte, han fallecido.

El problema de esto es que no todo el tiempo podemos mantener la atención de nuestros comportamientos porque muchos de ellos los hacemos de forma inconsciente, y si a eso le sumamos los hábitos de higiene y la poca importancia que se le da, aumenta aún más el riesgo.

Ojalá esta situación ayude a modificar esa cultura egoísta al pensar no solo en nosotros, sino también en el bien común, porque si los demás se enferman, la probabilidad de que enfermes también te incluye.

Por lo pronto, los veré hasta el próximo artículo, mis amigos.

Ci vediamo!

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