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¿Cómo es ir a Terapia?

Por : Daniel Rangel

Asistir a terapia es para unos algo nuevo, de manera que no se tiene noción de varias implicaciones que abarca la terapia. Este desconocimiento ha llevado a muchos pacientes a ser imprudentes e irresponsables con respecto a tomas de decisiones que, según ellos, son las formas adecuadas para conducirse como clientes / pacientes, y abordar sus problemas. 

Hoy quiero hacer noción de estos conocimientos que muchas veces los propios profesionales de la salud mental no dan a conocer, y que por ello el paciente también desconoce. 

MI CASA, ¿TU CASA?… 

Recientemente vi con amigos un meme muy chistoso de la reina de Inglaterra: se disponía a partir un pastel con una espada curva, haciéndolo con el lado cóncavo de la hoja, lo que dificultaba hundir siquiera la hoja en la cubierta del pastel.  

Entre risas y comentarios jocosos alguien dijo: «Déjenla, es la reina, puede hacer lo que quiera»; a lo que yo respondí con la misma gracia: «En mi casa y en mi consultorio, no». 

En el consultorio el cliente se tiene que apegar, como condicionante para recibir el servicio, a las normas sociales comunes y a las reglas que se establezcan en cada lugar, pero además, si quiere llevar su proceso por buen camino, también a las palabras del terapeuta. 

En los consultorios uno se encuentra de TO-DO: gente necia, manipuladora, rebeldes desafiantes, creativos aventureros, negligentes, olvidadizos, gente con defensas más altas que un abedul… No es en balde este tema. 

Calentemos motores con un clásico ejemplo de puntualidad. Recuerdo a aquel paciente que solicitó una cita a la que yo lo vería a las 11:00. Llegó el día de la cita, pasaron 10 minutos, luego 20, 30…; después de 47 minutos de retraso, me llegó un mensaje: «Ya estoy en camino». Le respondí que volviéramos a agendar porque básicamente le quedaban 13 minutos. Quizá se molestó; no me volvió a contactar.  

Aun si tuviera una buena justificación, quizá sea útil para aliviar su culpa por su retraso, pero inútil para el terapeuta, pues los tiempos están marcados para cada paciente. 

¿EL QUE PAGA MANDA? 

Por alguna razón la gente cree que por pagar tiene derecho a adquirir la razón suprema. Como si el dinero fuera la condicionante para soportar sus marranadas. 

Este caso me lo comentó un colega hace mucho. Se trata de un hombre que usaba cada sesión para desahogarse de sus aflicciones. No se podía trabajar con él porque solo quería sacar aquello que lo aquejaba. Llegó un punto en que el terapeuta lo confrontó al decirle que así no podían trabajar, a lo cual el paciente con cierto disgusto le respondió: «¡Pues para eso le pago, para desahogarme con usted!».  

Gran error. La terapia tiene un orden y un propósito, no se trata de una plática de café donde uno habla al azar de lo que quiera. La terapia no es para desahogarse de lo que a uno le aqueja, sino un lugar para solucionar problemas. Por supuesto, el desahogo viene implicado cuando se comparte la situación enfadosa y problemática, pero no es el propósito de la terapia.  

La experiencia y pericia del terapeuta respaldan el cómo se abordará cada sesión, como este lo considere, no como el paciente quiera. 

Otro ejemplo que bien no se trata de dinero, pero sí de la posición que se asume como cliente, la viví cuando un paciente requería una cita, solo que… no me la solicitó, sino que prácticamente me la trataba de imponer como si él fuera el dueño de mi agenda y yo me tuviera que acomodar para verlo al día y hora que este necesitaba. 

EL CLIENTE NO SIEMPRE TIENE LA RAZÓN 

Desde que era un jovencillo solía escuchar la inmortal frase: El cliente siempre tiene la razón. Quizá esta premisa sea la piedra angular de donde muchos adoptan actitudes ridículas con quien le ofrece un servicio. 

En alguna ocasión un cliente (a quien llamaré Z) me llamó para sacar cita para su hijo. Después de la primera sesión le expliqué que primero tenía que trabajar con él para poder aterrizar esos aprendizajes en su vástago. ¿Por qué? Porque él era responsable del problema que vivía su hijo, aunque Z no se había dado cuenta; creía que el problema se delimitaba a su hijo. Todo iba bien. A las dos sesiones llegó Z con desesperación pidiéndome que atendiera a su hijo ya, porque para él había sacado la consulta.  

Le recordé que era necesario trabajar ciertos aspectos primero con él antes que con su hijo, y con una ligera exaltación me pidió que me enfocara en su familiar y que él después se atendería. Accedí a sabiendas de que tarde o temprano vendría a sentarse no como cliente, sino ahora como paciente. Y así sucedió sesiones más tarde. 

Lo que no dije fue que Z consultó con otros familiares y llegaron a la conclusión de que el hijo era quien necesitaba ser atendido primero. No había entendido Z que no se lograría gran avance si en casa la dinámica seguía igual. Es como pedirle a un doctor que cure la infección de una herida untando medicamentos sin que haya higienizado antes la zona.  

«CALLA Y COME» 

Cuando niño, mi abuelo solía callar a cualquier nieto que hablara en la hora de la comida con un: «¡Calla y come!», nadie lo cuestionaba, simplemente nos callábamos. Sospecho que para él era una forma de respetar los sagrados alimentos. 

Esta frase bien puede trasladarse a la terapia: es entendible que algunos cuestionen ante sus dudas o su sentimiento de desconfianza, o que aprecien su inteligencia y desafíen al terapeuta, pero es prudente pensar que ellos han engrosado su experiencia en ese campo y saben por qué dicen lo que dicen. Calla y come; respeta la experiencia de ese profesional. El terapeuta no discutirá para ver «quién la tiene más grande», dirá lo que es, y sanseacabó.  

No vaya a ser como aquel paciente que un día no hizo más que cuestionar mi experiencia, lo abordado en sesión y además me dijo literalmente cómo tenía que abordar una sesión programada; poco le faltó para sacarme de mi asiento y cruzar sus piecitos sobre el escritorio, pero esa se las debo.  

No me resta más que decir que cada uno de estos ejemplos ilustran que ser cliente y paciente implica límites, y para hacer efectivo el servicio de psicoterapia, hay que acatarlos. 

Yo aquí los dejo y los veo hasta la próxima. 

Ci vediamo! 

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