Hallan en Senegal granos de 1,800 años que revelan expansión agrícola en África

Un pequeño yacimiento junto a un lago africano reescribe lo que sabíamos sobre el origen de la agricultura en el oeste del continente.

La historia de la agricultura en África occidental nunca ha sido sencilla. Durante décadas, los investigadores han tratado de reconstruir cómo comunidades enteras pasaron de depender de la caza y la recolección a desarrollar sistemas agrícolas complejos en entornos cada vez más hostiles. Ahora, un hallazgo en el norte de Senegal parece añadir una pieza clave a ese rompecabezas.

Todo comenzó con una intervención arqueológica discreta, casi de emergencia. En las inmediaciones del lago de Guiers, una zona hoy fundamental para el abastecimiento de agua en Senegal, un equipo internacional detectó restos cerámicos y materiales orgánicos en riesgo de desaparecer por la actividad extractiva. Lo que en apariencia era un yacimiento menor acabaría ofreciendo una perspectiva completamente nueva sobre los cambios económicos y ambientales en la región.

Tal y como indica el estudio publicado en Azania: Archaeological Research in Africa, el enclave de Gnith llevaba décadas sin ser objeto de excavaciones sistemáticas, pese a encontrarse en una zona rica en vestigios prehistóricos. Su posición, entre el valle del río Senegal y la franja litoral, lo convierte en un punto estratégico para comprender las conexiones entre distintas formas de vida.

Durante milenios, este paisaje no fue como lo conocemos hoy. Las evidencias paleoambientales muestran que, hacia el 4000 a.C., la región estaba dominada por manglares y ecosistemas húmedos, muy alejados de las condiciones actuales. Sin embargo, ese entorno cambió de forma progresiva. La influencia marina retrocedió y dio paso a ecosistemas más secos, con vegetación típica del Sahel.

Ese proceso no fue solo un cambio de paisaje: transformó profundamente la vida de las poblaciones humanas. Las comunidades que habitaban estas tierras tuvieron que adaptarse a nuevas condiciones, con menos agua disponible y suelos más difíciles de explotar.

Un territorio entre dos mundos

Durante mucho tiempo, los investigadores habían identificado dos modelos de subsistencia claramente diferenciados en Senegal. Por un lado, las comunidades del litoral, centradas en la explotación de recursos marinos, como demuestran los abundantes concheros. Por otro, las sociedades del interior, vinculadas a prácticas agroganaderas más estables.

El problema era entender cómo se produjo la transición entre ambos mundos. ¿Existieron zonas de contacto? ¿Hubo intercambio de conocimientos o adaptación progresiva?

El yacimiento de Gnith parece situarse precisamente en ese punto intermedio. Tal y como ha adelantado el equipo liderado por James Blinkhorn, su localización sugiere que pudo actuar como espacio de interacción entre grupos con modos de vida distintos. No era plenamente costero, pero tampoco encajaba del todo en los grandes núcleos agrícolas del valle del Senegal.

Los materiales recuperados refuerzan esa idea. La cerámica hallada presenta rasgos típicos de comunidades del Sahel occidental en la transición entre la Edad de Piedra final y la Edad del Hierro. Sin embargo, el tamaño reducido del asentamiento y la naturaleza de los restos sugieren ocupaciones breves, posiblemente estacionales.

A simple vista, nada de esto parecía revolucionario. Pero el verdadero hallazgo estaba aún por llegar.

Tal y como ha adelantado el estudio, la presencia de cientos de granos carbonizados en Gnith constituye la evidencia más temprana de agricultura en esta zona

El descubrimiento que cambia el mapa agrícola

Fue el análisis de los restos vegetales lo que transformó completamente la interpretación del sitio. En los sedimentos excavados, los investigadores recuperaron cerca de 700 restos botánicos, de los cuales unos 650 correspondían a un mismo cultivo.

Se trataba de mijo perla, uno de los cereales más resistentes del mundo, capaz de crecer en condiciones extremas de calor, sequía y suelos pobres. Tal y como ha revelado el estudio, estos granos aparecieron en forma de agregados carbonizados, lo que indica que habían sido almacenados o procesados antes de ser quemados accidentalmente.

La datación por radiocarbono situó estos restos entre los años 130 y 237 d.C. Y ahí es donde radica la clave del hallazgo.

Hasta ahora, las evidencias más sólidas de cultivo de mijo perla en Senegal se concentraban en el valle medio del río Senegal, varios kilómetros hacia el este. La presencia de este cereal en Gnith constituye la primera prueba directa de su expansión hacia el oeste en esa época.

Este detalle, aparentemente técnico, tiene implicaciones enormes. Tal y como ha señalado el propio equipo, demuestra que las prácticas agrícolas no se limitaron a un núcleo reducido, sino que se extendieron progresivamente hacia nuevas regiones.

Adaptarse o desaparecer

El contexto climático ayuda a entender este movimiento. Hacia comienzos de nuestra era, África occidental experimentó un proceso de aridificación creciente. Los ecosistemas más húmedos retrocedieron y fueron sustituidos por paisajes abiertos, más secos y difíciles de explotar.

En ese escenario, cultivos como el mijo perla ofrecían una ventaja decisiva. Su resistencia permitía sostener comunidades en condiciones donde otros recursos resultaban insuficientes.

No es casual que junto a este cereal aparezcan otras especies como la digitaria o el llamado “cacahuete de Kersting”, plantas asociadas a entornos marginales y, en ocasiones, a periodos de escasez. Su presencia sugiere sistemas agrícolas adaptados a la incertidumbre, donde la diversificación era clave para la supervivencia.

Tal y como ha revelado el estudio, estos datos apuntan a una economía basada en el cultivo en secano y en la combinación de cereales y leguminosas, un modelo sorprendentemente eficiente en condiciones adversas.

Hallan en Senegal restos de hace 1.800 años que muestran cómo el mijo permitió sobrevivir a la aridificación. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Este hallazgo obliga a replantear la velocidad y la dirección de la expansión agrícola en África occidental.

Un punto clave en la historia africana

Más allá de la agricultura, el hallazgo abre nuevas preguntas sobre la organización social de estas comunidades. Si Gnith actuaba como zona de contacto entre agricultores y recolectores, es posible que aquí se produjeran intercambios culturales decisivos.

La expansión del mijo no sería solo una cuestión técnica, sino también social: transmisión de conocimientos, adaptación a nuevos entornos y, posiblemente, integración entre distintos grupos humanos.

Tal y como indica la investigación, este pequeño enclave podría haber jugado un papel mucho más importante de lo que su tamaño sugiere. En un momento de cambios climáticos profundos, lugares como este habrían sido clave para experimentar nuevas formas de subsistencia.

El estudio, basado en una excavación muy limitada, abre la puerta a futuras investigaciones. Los propios autores reconocen que el potencial del yacimiento es enorme y que nuevas campañas podrían ofrecer datos aún más reveladores.

Lo que ya está claro es que la historia de la agricultura en África occidental no fue lineal ni uniforme. Fue un proceso dinámico, marcado por la adaptación constante a un entorno cambiante.

Y, en ese proceso, un pequeño asentamiento junto a un lago en Senegal acaba de demostrar que incluso los lugares más discretos pueden cambiar nuestra visión del pasado.

Con información de Muy Interesante México.

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