4.000 años de ganadería y violencia revelan cómo nacieron los primeros centros de poder ibéricos en la montaña

La montaña de Varica Virtudes, considerada marginal, revela 4.000 años de historia: pastores en la Edad del Bronce, casas de adobe quemadas en la Edad del Hierro y el rastro de conflictos protohistóricos. Cuatro milenios de ocupación humana, transformación del paisaje y conflicto territorial en el sureste de Iberia.

Una montaña en el sureste de España guarda una historia que nadie esperaba encontrar en sus lomas escarpadas. Durante décadas, los arqueólogos dieron por sentado que la sierra de Nerpio, en Albacete, había sido un espacio marginal, apenas transitado por pastores nómadas en tiempos prehistóricos. Un estudio publicado en 2026 en Archaeological and Anthropological Sciences acaba de demostrar que estaban equivocados. La montaña de Varica Virtudes alberga una secuencia de ocupación humana que abarca desde el final del tercer milenio hasta mediados del primer milenio antes de nuestra era: más de 4.000 años de historia revelados por la estratigrafía.

Lo que el equipo de investigación dirigido por Susana González Reyero, del CSIC, ha desenterrado va más allá de los restos materiales. Se trata de un relato de ciclos: de construcción y destrucción, de ganado y de hogueras, y de pequeñas comunidades que convivían (no siempre en paz) con los centros de poder emergentes de la época. La historia de Varica Virtudes I reescribe, con datos verificables, la imagen que teníamos de las montañas mediterráneas en la Antigüedad.

La montaña de Varica Virtudes alberga una secuencia de ocupación humana que abarca desde el final del tercer milenio hasta mediados del primer milenio antes de nuestra era.

Secretos en la roca

Varica Virtudes I es una cumbre caliza situada a 1.222 metros sobre el nivel del mar, en la cuenca alta del río Taibilla. Antes de esta investigación, el enclave era conocido casi exclusivamente por sus pinturas rupestres del Paleolítico tardío, declaradas Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sin embargo, nadie había excavado el sitio con metodología moderna.

Cuando el equipo comenzó a trabajar, encontró algo que no esperaba: una acumulación estratigráfica que comenzaba en torno al 2.200 antes de Cristo y llegaba hasta el siglo IV a. C. Sin embargo, la secuencia no era continua ni uniforme: demostraba que la montaña se había ocupado de formas radicalmente distintas a lo largo del tiempo.

El equipo combinó excavación arqueológica, micromorfología de suelos, análisis de fitolitos, palinología, antracología y 12 dataciones por radiocarbono mediante espectrometría de masas con acelerador. De este modo, se ha obtenido una de las secuencias estratigráficas más completas hasta la fecha en un yacimiento de media montaña del Mediterráneo occidental.

Los depósitos más antiguos, fechados entre el final del tercer milenio y el inicio del segundo, revelaron huellas inconfundibles de actividad pastoril en la montaña.

Un ambiente de explotación ganadera

Los depósitos más antiguos, fechados entre el final del tercer milenio y el inicio del segundo, revelaron huellas inconfundibles de actividad pastoril. Las esferas de excremento de herbívoros (diminutas estructuras de carbonato cálcico formadas en el intestino de los rumiantes) aparecieron en concentraciones de hasta 2,3 millones por gramo de sedimento. Los análisis polínicos confirmaron la presencia de hongos coprófagos como Sporormiella y Sordaria, indicadores de la presión ganadera local. Un colador de queso elaborado a mano y recuperado en uno de los niveles completa el cuadro: Varica Virtudes I fue, durante la Edad del Bronce, un enclave de gestión ganadera activa.

Casas que arden

La historia de la ocupación de Varica Virtudes cambia bruscamente con la Edad del Hierro. Entre el 780 y el 390 a. C., los depósitos revelan la presencia de estructuras domésticas, suelos de arcilla batida y, sobre todo, de fuego.

El análisis micromorfológico identificó tres unidades domésticas superpuestas, cada una sellada por un depósito de destrucción. Los adobes aparecen quemados a temperaturas de entre 500 y 700 grados centígrados. La espectroscopía infrarroja de transformada de Fourier (FTIR) permitió determinar no solo que hubo incendio, sino que el fuego se originó dentro de las estructuras: las paredes ardieron del interior hacia el exterior. Tres casas. Tres incendios. Tres abandonos. Tras ellos, siguió un período de erosión y colonización vegetal antes de que alguien regresara para construir nuevas habitaciones.

¿Accidente? ¿Ritual? ¿Violencia? Los investigadores plantean una hipótesis que da vértigo. A apenas 3 kilómetros en línea recta de Varica Virtudes I se encuentra El Macalón, el mayor asentamiento conocido del territorio durante el primer milenio a. C. Las excavaciones del siglo XX en ese yacimiento documentaron niveles de incendio y un número notable de puntas de flecha de bronce. La coincidencia cronológica entre el abandono de ambos sitios invita a pensar en una relación de dependencia (y quizá de coerción) entre el centro de poder emergente y la pequeña comunidad de la montaña.

Se determinó que, en la Edad del Hierro, no solo hubo incendio, sino que el fuego se originó dentro de las casas: las paredes ardieron del interior al exterior.

Muestreo
Muestreo. Fuente: González Reyero et al. 2026

La trampa de lo “marginal”

El estudio de Varica Virtudes I tiene implicaciones que van mucho más allá del yacimiento concreto. Durante décadas, la investigación arqueológica en zonas de media montaña del Mediterráneo occidental ha asumido que estos espacios eran periféricos, con escasa población y arqueológicamente poco relevantes. Esta nueva investigación demuestra que esa asunción era, en buena medida, un prejuicio metodológico.

Las montañas no producen los mismos registros arqueológicos de actividad humana que los valles. Los suelos son poco profundos, los materiales escasos y los procesos postdeposicionales intensos. Cuando se aplican técnicas de alta resolución, como la micromorfología, los fitolitos y la palinología, la roca empieza a contar. Y lo que cuenta, en este caso, contradice el relato de la marginalidad.

Las comunidades de varica Virtudes gestionaban recursos ganaderos, comerciaban, construían con adobe y respondían a las presiones de los centros de poder de su tiempo. El registro polínico, además, muestra cómo el paisaje cambió a lo largo de los siglos. Durante la Edad del Bronce, el enclave estaba rodeado de un bosque de Quercus perennifolio, con praderas aptas para el pasto. En la Edad del Hierro, la cubierta arbórea se redujo, el paisaje se abrió y aparecieron por primera vez en la secuencia pólenes de cereal. La montaña no solo albergó a sus ocupantes: fue transformada por ellos.

La coincidencia cronológica entre El Macalón y Varica Virtudes invita a pensar en una relación de dependencia o coerción entre el centro de poder emergente y la pequeña comunidad de la montaña.

Cabañas de montaña y ovejas
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Una pregunta abierta

El estudio prueba cómo, aplicando una metodología específica a los yacimientos de media montaña del Mediterráneo, se pueden recuperar fragmentos de historia inéditos. En el caso de Varica Virtudes, se ha descubierto que una modesta montaña en Albacete celaba 4.000 años de vida humana, ganadería prehistórica, arquitectura de adobe, incendios cíclicos y el eco de conflictos que marcaron el alba de la civilización ibérica.

Con información de Muy Interesante México.

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