Investigadores analizan 71 mandíbulas fósiles y hallan una inesperada pista que podría reescribir parte de la evolución humana

Un estudio propone que una enfermedad tan común como la periodontitis pudo contribuir, junto a otros cambios biológicos, a transformar el rostro de los primeros humanos millones de años antes de la expansión del cerebro.

Durante décadas, la evolución humana se ha explicado a partir de grandes hitos como el desarrollo del bipedismo, la fabricación de herramientas o el espectacular aumento del tamaño cerebral. Sin embargo, un nuevo estudio propone fijar la mirada en un protagonista mucho más discreto y cotidiano: una enfermedad de las encías. La investigación plantea que la periodontitis, considerada hoy una de las patologías más comunes del ser humano, pudo haber contribuido de forma indirecta a la transformación del rostro de nuestros antepasados y, con ello, abrir el camino a la expansión del cerebro.

La hipótesis, publicada en la revista Journal of Craniofacial Surgery, introduce un punto de vista poco habitual en el estudio de la evolución. En lugar de analizar exclusivamente las ventajas adaptativas asociadas a determinados rasgos anatómicos, los investigadores sugieren que una enfermedad crónica también pudo formar parte del complejo entramado de factores que modelaron el aspecto del género Homo. Tal y como ha revelado el trabajo, las lesiones provocadas por la enfermedad periodontal aparecen con mucha mayor frecuencia en los fósiles atribuidos a los primeros humanos que en los de sus parientes australopitecos.

El equipo, encabezado por el profesor Ugo Ripamonti, de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica), examinó 71 mandíbulas fósiles conservadas en colecciones sudafricanas y datadas entre hace 5,3 y 2,6 millones de años. Se trata de un periodo fundamental para comprender la transición entre los últimos australopitecos y la aparición de los primeros representantes del género Homo, cuando comenzaron a consolidarse algunos de los rasgos anatómicos que acabarían caracterizando a nuestra especie.

Los investigadores analizaron cuidadosamente el hueso alveolar, la estructura ósea que sostiene los dientes dentro de la mandíbula. Cuando este hueso comienza a destruirse como consecuencia de la periodontitis aparecen defectos característicos alrededor de las piezas dentales. Precisamente esas lesiones fueron detectadas de forma mucho más acusada en los fósiles del género Homo, mientras que apenas aparecían en los australopitecos.

La enfermedad que pudo modificar la anatomía del rostro

La propuesta del estudio resulta llamativa porque rompe con la idea de que las enfermedades solo representan un obstáculo para la evolución. En este caso, los autores sostienen que la periodontitis pudo interactuar con otros cambios biológicos que ya estaban produciéndose en aquellos homininos, favoreciendo transformaciones anatómicas que terminarían teniendo consecuencias mucho mayores.

Para entender la propuesta de los investigadores conviene retroceder varios millones de años. Los primeros homininos presentaban un rostro muy distinto al nuestro: la cara sobresalía hacia delante, las mandíbulas eran anchas y robustas y los dientes alcanzaban un tamaño considerable. Todo el aparato masticador estaba diseñado para soportar una dieta exigente, basada en alimentos duros y fibrosos que requerían una gran fuerza al morder y triturar. Esa potente arquitectura ósea y muscular dominaba buena parte del cráneo.

Con el paso del tiempo, esa configuración comenzó a transformarse. El estudio plantea que la reducción progresiva del tamaño de los dientes y de la musculatura encargada de la masticación favoreció un rostro cada vez menos prominente. Al disminuir el volumen del aparato masticador, la estructura craneofacial pudo reorganizarse lentamente, creando unas condiciones anatómicas que, millones de años después, facilitarían la expansión de la bóveda craneal donde se aloja el cerebro.

En ese escenario evolutivo es donde los autores sitúan el posible papel de la enfermedad periodontal. La pérdida de hueso alrededor de los dientes no habría sido el motor exclusivo de estos cambios, sino uno de los factores que actuaron junto a las modificaciones genéticas y funcionales que experimentó el género Homo. En otras palabras, la evolución no habría respondido a una única causa, sino a la interacción de múltiples procesos biológicos que, acumulados durante millones de años, acabaron dando forma al rostro humano que conocemos hoy.

Las reconstrucciones virtuales en 3D y el análisis mediante microscopía electrónica revelan una pérdida horizontal del hueso alveolar en restos dentales fósiles de homininos
Las reconstrucciones virtuales en 3D y el análisis mediante microscopía electrónica revelan una pérdida horizontal del hueso alveolar en restos dentales fósiles de homininos. Foto: Wits University

El registro fósil no solo permite saber cuándo aparecieron las enfermedades periodontales, sino también explorar cómo pudieron influir en la evolución de nuestra especie.

Dientes más pequeños, menos fuerza para masticar

La investigación también incorpora otro factor clave: una mutación genética que habría reducido progresivamente el tamaño de las coronas dentales. Los primeros representantes del género Homo comenzaron a desarrollar dientes ligeramente más pequeños que los de sus antecesores, aunque seguían siendo plenamente funcionales para la alimentación.

A medida que los dientes fueron reduciendo su tamaño, también disminuyó la necesidad de mantener una musculatura facial tan potente. Ya no hacía falta ejercer la misma fuerza para procesar los alimentos, por lo que las enormes mandíbulas y los robustos músculos que habían caracterizado a los primeros homininos comenzaron a perder importancia. Poco a poco, el rostro se volvió más estilizado y la cara dejó de sobresalir de forma tan acusada, un proceso que los especialistas conocen como reducción del prognatismo.

Fue una transformación extremadamente lenta, desarrollada a lo largo de cientos de miles de años. No afectó a una única especie ni respondió a un cambio repentino, sino que acompañó la evolución de distintas poblaciones del género Homo. De hecho, basta comparar el cráneo de un australopiteco con el de los primeros humanos para apreciar hasta qué punto la mandíbula y la parte inferior del rostro fueron modificándose con el paso del tiempo.

En ese escenario evolutivo, los autores del trabajo proponen que la enfermedad periodontal pudo desempeñar un papel complementario. La pérdida progresiva del hueso que sostiene los dientes habría contribuido a esa remodelación de la cara, reforzando una tendencia que ya estaba impulsada por cambios genéticos y por una nueva forma de masticar. No habría sido el origen de la transformación, pero sí uno de los elementos que participaron en ella.

Una hipótesis que amplía la visión sobre la evolución humana

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que reúne disciplinas que rara vez se analizan de forma conjunta. La investigación combina conocimientos de odontología, medicina, biología ósea y paleoantropología para plantear una nueva forma de entender cómo pudo cambiar el aspecto de nuestros antepasados a lo largo de millones de años.

La propuesta también invita a matizar una idea muy arraigada sobre la evolución humana. Tradicionalmente se ha interpretado como una sucesión de adaptaciones favorecidas por la selección natural. Sin embargo, los investigadores sostienen que la historia evolutiva es mucho más compleja y que en ella también pueden intervenir enfermedades, mutaciones, cambios en la alimentación y otros procesos biológicos que actúan de manera simultánea.

Eso no implica que la periodontitis fuera la responsable del aumento del tamaño del cerebro ni que, por sí sola, cambiara el rumbo de la evolución. La investigación plantea, más bien, que esta enfermedad pudo formar parte de un conjunto de transformaciones que se influyeron mutuamente durante un larguísimo periodo de tiempo. Es precisamente esa interacción entre distintos factores la que habría favorecido la aparición de algunos de los rasgos anatómicos característicos del género Homo.

La hipótesis ofrece además una posible respuesta a una cuestión que desde hace tiempo intriga a los paleoantropólogos: por qué las mandíbulas comenzaron a hacerse más pequeñas antes de que el cerebro iniciara su gran expansión. Según los autores, ambos procesos podrían haber estado conectados mediante una lenta reorganización de la arquitectura del cráneo, en la que la reducción del aparato masticador desempeñó un papel mucho más importante de lo que se pensaba hasta ahora.

Un estudio revela que una enfermedad de las encías pudo cambiar la evolución humana
Un estudio revela que una enfermedad de las encías pudo cambiar la evolución humana. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Las enfermedades suelen considerarse procesos destructivos, pero en este caso pudieron interactuar con otros cambios biológicos que contribuyeron a la aparición de la anatomía humana moderna.

Un debate que apenas comienza

Como sucede con muchas investigaciones sobre evolución humana, las conclusiones abren nuevas preguntas. El registro fósil continúa siendo limitado y cualquier hipótesis debe contrastarse con nuevos hallazgos. Aun así, el trabajo aporta un enfoque novedoso que probablemente estimulará futuras investigaciones sobre la relación entre las enfermedades y la evolución de nuestra anatomía.

La periodontitis acompaña al ser humano desde tiempos remotos y sigue siendo una de las enfermedades crónicas más extendidas del planeta. Que una dolencia tan frecuente pudiera haber dejado una huella visible en la historia evolutiva resulta, cuanto menos, sorprendente.

Tal y como indica el estudio, la evolución no siempre depende de grandes acontecimientos espectaculares. En ocasiones, pequeños cambios repetidos durante millones de años pueden terminar modificando profundamente el destino de una especie. La investigación invita precisamente a contemplar la historia humana desde esa perspectiva: la de un proceso extraordinariamente complejo, donde incluso una enfermedad de las encías pudo participar, junto con muchos otros factores, en la construcción del rostro que hoy nos identifica como seres humanos.

Con información de Muy Interesante.

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